Una credencial verificada una sola vez, guardada en tu propio dispositivo. Cada exchange recibe únicamente un hash de cumplimiento: sabe que superaste KYC y AML, sin ver tu documento, tu domicilio ni tu historial.
Casos de uso para inversores
El pasaporte SSI se emite una vez, se guarda en el dispositivo del inversor y se presenta como hash verificable cuando una plataforma lo solicita. Estos son los escenarios donde la diferencia se nota en la operación diaria.
En lugar de cargar documento, comprobante de domicilio y origen de fondos otra vez, el inversor presenta el hash de su credencial. La plataforma valida la firma del emisor y confirma que los atributos requeridos ya fueron revisados. El expediente completo nunca sale del dispositivo.
Un exchange en Buenos Aires puede necesitar residencia fiscal; otro en Europa, categoría de inversor profesional. El pasaporte permite revelar solo el atributo solicitado, sin exponer el resto del perfil. Cada prueba se firma por separado y queda registrada con fecha.
El sistema cruza documentos, historial y señales de riesgo para priorizar casos y detectar inconsistencias. La decisión de emitir o rechazar queda en manos de un revisor humano. La IA acelera la cola, no la reemplaza.
Cada plataforma conserva el hash y el resultado de la verificación, no el expediente. Si una base de datos se filtra, no hay nombre, documento ni domicilio que extraer. La superficie de exposición se reduce a credenciales revocables.
Si cambia la situación fiscal o vence un documento, el inversor actualiza la credencial y las plataformas ven el estado nuevo en la siguiente verificación. Las credenciales anteriores quedan marcadas como revocadas en el registro público de emisión.
Para entender el modelo antes de usarlo, conviene empezar por cómo se emiten y verifican las credenciales o escribir directamente a nuestro equipo con el caso concreto.
Antes de que un inversor delegue su verificación en un pasaporte digital, conviene dejar claras las definiciones. Aquí van las precisiones que suelen quedar ambiguas cuando se habla de identidad autosoberana aplicada a KYC y AML: quién emite, quién custodia, qué se prueba y qué queda fuera del alcance del sistema.